La división de los bolivianos se acentúa en época de crisis social. Cambas y collas olvidan que ante todo está la unidad boliviana, estamos hablando de un país, no del país de los cambas o del país de los collas.

Para quien no conoce Bolivia y para los que conocen ese país, deben saber y/o recordar que ancestralmente existe una absurda división regionalista entre los pobladores de esos dos sectores geográficos, marcadamente identificados, vale añadir que curiosamente, poco o nunca se nombra el sector del Valle, no mencionan a los vallunos.

Camba este vocablo es usado en Bolivia para definir, desde época remota, a la población indígena de los llanos del oriente tropical del país Santa Cruz, Beni y Pando. El escritor boliviano Ramón Rocha asegura que esta palabra tiene origen angolés y que “kambá” en guaraní significa “negro o negra”, es decir una persona de raza negra, asegura también que otra de las acepciones históricas de la palabra “camba” y de su origen africano, la encontró en un libro escrito por el jesuita Pedro Días publicado en 1697, cuyo título es: “Arte da lengua de Angola, ofrecida a Virgen Señora N. do Rosario, Mäy, & Señora dos mesmos Pretos, Pelo P. Pedro Días Da Compañía de Jesú. Lisboa, Na Officina de Miguel Deslandes, Impresor de Sua Magestade, Com todas as licencas necesarias. Anno 1697”.

En este libro la voz “amigo” es Camba, y el plural, Macamba. Mulungi es “guardador del verbo, de la palabra”, y Mulongui es maestro del verbo, el que enseña a hablar.

Así se dice: “Camba, eme ngandala culunda o milungi ya nzambi, eye cuandala cuilunda, que significa: Amigo, yo guardo los preceptos de Dios, mas tú no quieres guardarlos.” .(La Prensa Supl. Fondo Negro 02/03/2008) (http://adm4840.softcha.com/kambakua/index.htm)

Colla, es el nombre genérico que se da a los aborígenes de Jujuy de ascendencia quichua, aimará, o de alguna otra parcialidad indígena del Altiplano. También llaman así a los bolivianos pertenecientes a las etnias mencionadas radicados en las ciudades. Algunas personas suelen usar el término peyorativamente.

Existen numerosas versiones sobre el significado exacto de este vocablo.

Lizondo Borda: dice: “Colla” deriva del quichua “coya” o “p’jolla” que significa indio que habita el desierto o cordillera.

José Vicente Solá lo escribe “colla” y lo define como el boliviano o el indígena que vive en Salta. También como oriundo de la Puna.

J. Monast Lo define como otro modo de designar a los habitantes del Altiplano.

La Real Academia define a la palabra como: dícese del habitante de las mesetas andinas.

El escritor peruano Fortunato Ramos, refiere que “Colla” es el hombre que vive en el norte peruano, no sólo el hombre que vive en la Quebrada de Humahuaca, sino el que vive en una vasta región del Imperio del Collaje. Sin olvidar que el Collaje está dividido en cuatro partes: Inti-Suyu, Chinchay-Suyu, Cuanti-Suyu y Colla-Suyu. La parte del Colla-Suyu comprende a los collas. Colla es el habitante de esa zona. ¿Y qué es Collaje? Bolivia, Perú y el norte de Argentina.

“Colla” es un término que significa “señor”, “eminencia”, “excelencia”. Muchos no lo conocen. La cultura colla llega a través de la música, del regionalismo, a través de los cultores como Jaime Torres o Jaime Dávalos, o el propio Fortunato Ríos, autor del conocido poema “No te rías de un colla”. Finalmente, destacar que la historia del colla Verónico Cruz, inspiró la película La DeudaInterna (1988), dirigida por Miguel Pereira y escrita por Pereira y Eduardo Lleiva Muller (The Internet Movie Database).

Las crónicas peruanas cuentan que antes de la conquista incaica, en la región del Lago Titicaca, vivía un Gran Señor llamado “Capac Colla” o “Qhapaq Qulla” con mucho poder, riquezas y ejércitos aguerridos; residía en Hatuncolla y era líder de una dinastía que opuso resistencia a la conquista de los Incas.

El vocablo Qhapaq significa “rico” y Qolla significa “medicina”, por ello, la capital denominada Hatuncolla era conocida como “lugar grande en medicina”. Deduciendo que dicho lugar era de tierra fértil para plantas y yerbas medicinales las que florecían en la estación de primavera es decir en el mes de septiembre, mes en el que los habitantes de la zona visitaban a Qhapaq Qulla para pedirle que los sanara de sus dolencias.

La referencia histórica más antigua sobre la Dinastía Colla se encuentra en el informe de Cieza de León, que describe a Capac Colla o Qhapaq Qulla, como el tirano de Hatuncolla, quien había empezado una campaña de expansión territorial, para agrandar su territorio.

Después de la decadencia de Tiwanaku, surgieron otras sociedades políticamente organizadas como los Lupaqas, Collas, Paqajes, Carangas, Canas, Canchis, Charcas, etc. Por alguna razón, los Incas denominaron por Collas a todos los aymaristas y también todo este territorio junto con las tierras mas australes pasó a ser el Collasuyo. Pedro Cieza de León acentúa estas denominaciones denotando por meseta del Collao a la meseta del Titicaca y, también, denotando por Collas a todos los aymaristas (Cap. XCIX de Crónicas del Perú).

No te rías de un colla (Poema de: Fortunato Ramos)
No te rías de un colla que bajó del cerro,
que dejó sus cabras, sus ovejas tiernas, sus habales yertos;
no te rías de un colla, si lo ves callado,
si lo ves zopenco, si lo ves dormido.

No te rías de un colla, si al cruzar la calle
lo ves correteando igual que una llama, igual que un guanaco,
asustao el runa como asno bien chúcaro,
poncho con sombrero, debajo del brazo.

No sobres al colla, si un día de sol
lo ves abrigado con ropa de lana, transpirando entero;
ten presente, amigo, que él vino del cerro, donde hay mucho frío,
donde el viento helado rajeteó sus manos y partió su callo.

No te rías de un colla, si lo ves comiendo
su mote cocido, su carne de avío,
allá, en una plaza, sobre una vereda, o cerca del río;
menos si lo ves coquiando por su Pachamama.

Él bajó del cerro a vender sus cueros,
a vender su lana, a comprar azúcar, a llevar su harina;
y es tan precavido, que trajo su plata,
y hasta su comida, y no te pide nada.

No te rías de un colla que está en la frontera
pa'l lao de La Quiaca o allá en las alturas del Abra del Zenta;
ten presente, amigo, que él será el primero en parar las patas
cuando alguien se atreva a violar la Patria.

No te burles de un colla, que si vas pa'l cerro,
te abrirá las puertas de su triste casa,
tomarás su chicha, te dará su poncho, y junto a sus guaguas,
comerás un tulpo y a cambio de nada.

No te rías de un colla que busca el silencio,
que en medio de lajas cultiva sus habas
y allá, en las alturas, en donde no hay nada,
¡así sobrevive con su Pachamama!

Colla es el habitante del occidente o altiplano boliviano comprendido entre Potosí, La Paz y Oruro. De manera generalizada se denomina con este apelativo también a los habitantes de Cochabamba, Tarija y Chuquisaca.

Camba es el habitante de la región oriental de Bolivia, formada por Beni, Pando y Santa Cruz

Valluno es el perteneciente al valle, en Bolivia, sector comprendido entre Cochabamba, Tarija y Chuquisaca.

Con esta introducción, vale la pena reflexionar antes de escribir o leer artículos como los que siguen:

“Collas de mierda” - Los ecos que llegan desde Bolivia: de un racismo inadmisible e implacable.

Por Sandra Russo

El excelente documental de Emilio Cartoy Díaz, Bolivia para todos, que emitió Canal 7 y que sigue circulando en debates y encuentros para analizar la crisis que se agudizó radicalmente esta semana, permite tomar nota sensible de lo que las palabras y las fotos no llegan a transmitir. Las notas de la televisión tampoco. Cabe preguntarse ahora que las papas queman y hay muertos, desde dónde se mira la crisis boliviana. Los noticieros hablan del tema de una manera pasteurizada, como si se tratara de “querer” o “no querer” a Evo Morales, presidente legítimo y relegitimado.

Uno de los hallazgos del documental es haber registrado no sólo el aquelarre del racismo más repugnante, sino la manera en que la propia televisión boliviana fue adaptándose para informar sobre la rebelión de los departamentos “blancos”. Un docente que vio el documental me decía el sábado que se había sentido estúpido de pronto, al advertir que había “comprado” la información en sachet que dan los grandes medios: se había hecho la idea de que Santa Cruz, Pando, Beni, Cochabamba, en fin, los lugares desde los que se reclama la autonomía, eran “opositores en bloque”, territorios ficticios en los que el rechazo a Morales brotaba de mayorías con otras ideas e intereses. Y precisamente porque en cada uno de esos departamentos hay miles y miles de partidarios de Evo Morales que están siendo censurados, perseguidos, amenazados y ahora asesinados, como los militantes de Pando, es que la crisis tiene otra cara, una mueca monstruosa que sin embargo no sale por tevé.

En el trabajo de Cartoy Díaz también se puede ver cómo la pantalla partida de la televisión boliviana comenzó a producir un efecto erosionante del poder presidencial. Normalmente, cuando habla un presidente su investidura reclama la pantalla entera. No fue eso lo que le cedió la televisión, que comenzó a dividir los planos y a incluir ventanas en las que, al mismo tiempo que se veía a Morales, se veía también a los prefectos de Santa Cruz o Cochabamba diciendo lo suyo. La pantalla se desmembró antes que el país. La pantalla fue la primera en bajar la estatura presidencial. Y esa pantalla nos recuerda otras pantallas partidas. Que cada cual recuerde.

El desprecio sin fondo que los bolivianos blancos sienten por los collas y por las diferentes etnias originarias del país es una herramienta política que tiene como objetivo y presa el capital. En ese sentido, no hay desprecio histórico sin botín en el medio. Los sentimientos colectivos de manipulación, doblegación y exterminio siempre han servido de impulso para que los portadores del odio puedan quedarse con todo. El racismo, en fin, es apenas un instrumento económico. Pero sostenerlo, sentirlo, experimentarlo, demanda una preparación de siglos que permanece intacta. Las que hoy tratan de imponerse en Bolivia son subjetividades melladas en su forma y fondo por una visión del Otro Degradado, expropiado de sus derechos y reivindicaciones. ¿La democracia? Una excusa reemplazable por alguna otra forma de gobierno que deje cada cosa en su lugar.

“Fuera collas de mierda”, rezaba una pared en Santa Cruz. No era sólo una pared. Eran muchas paredes. Eran gritos también. Mucha gente como la gente gritando “fuera collas de mierda”. Lo que se cocina en Bolivia no es sólo un golpe de Estado en alguna de sus formas posibles. No es sólo un intento desesperado de los dueños del dinero por retener sus privilegios y su statu quo. Es un extracto de infamia, una muestra del veneno histórico inoculado año tras año en un país que hasta hace poco tenía un presidente que no hablaba bien el castellano, y no porque fuera colla.

La cocina ideológica y emocional de la reacción contra Evo Morales hace pensar en que cada crimen que tuvo o tenga lugar en Bolivia es de lesa humanidad.( www.pagina12.com.ar/diario/mitologias ) 17/09/2008.

“Porteñitos de mierda” - Los ecos que llegan desde Argentina: de un racismo inadmisible e implacable.

Por: Gabriela Ichaso

Leo a Sandra Russo periódicamente en Página/12 y la sigo cuando puedo –un feriado que otro- en la Televisión Pública argentina en el horario incómodo para quienes trabajamos a esa hora, de las 16:00 hs. con Boy Olmi. También vi el documental de Emilio Cartoy Díaz, Bolivia para todos, por el mismo medio y que Sandra califica de “excelente”: un audiovisual cargado de los prejuicios instalados en el ojo parcializado de quien viaja a un lugar desconocido a seguir mirando por encima del hombro y la carga oportunista de suposiciones trasnochadas.

Soy argentina, de las que salió adolescente del país en 1977. Soy platense, además, como Cristina y como Sábato, de la frontera entre Capital Federal y la Argentina, del lado provinciano para mi dicha. Tengo la piel blanca en invierno y canela en verano, con la sangre vasca de mis abuelos maternos y criolla, cruceña y negra –así cuenta papá- del lado de mis abuelos paternos. Y mirá qué cosa, por ese lado también soy “bolita” cuando vuelvo a mis afectos del sur, parte irrenunciable en los 32 años que llevo en Santa Cruz de la Sierra, donde tengo a mis padres, mis hermanos, mis hijos y, hace un mes, a mi primer nieto.

Esta tierra generosa me dio mucho más que familia, lugar y compromiso, me permite ganarme el fruto del trabajo cada día con el mismo esfuerzo y dignidad que la gran mayoría que vive al día en cualquiera de nuestros países y me permitió ser Concejal y –qué cosa también- Viceministra de Participación Popular hace cuatro años atrás.

¿Desde dónde se mira la crisis boliviana, Sandra? ¿Desde un documental circunstancial y direccionado? ¿O la miramos desde la historia de sus pueblos y de los de América del Sur, incluyendo las Provincias Unidas del Sur, más tarde el querido pueblo argentino total? ¿Vos sabías que a Santa Cruz la expedición de los de Mendoza, los mismos que de Buenos Aires, arribaron 400 años antes que las políticas públicas de Bolivia dictadas desde una sede de gobierno, la ciudad de La Paz, robada a la capital histórica y emblemática de Sucre, la sede de la Audiencia de Charcas?

¿Vos sabías que desde hace poco más de 70 años esta aldea de 50.000 habitantes se convirtió en una ciudad, Santa Cruz de la Sierra, con 1.600.000 vecinos con la esperanza de una vida mejor, hartos del altiplano rentista, esclavista y extractivo de los collas de mierda de la plata, del estaño y de la mentira nacional?

Los perseguidos en este cuento de la humanidad de nunca acabar son los mismos allá y acá: los que el sistema no reconoce, no les da chance ni oportunidad, les niega la ciudadanía plena, les impone una cultura distinta a la de sus raíces.

Hasta hace poco era pasando la autopista, ahora es al lado de Retiro, en Flores, en las inmediaciones del Riachuelo, a lo largo de la ruta a Hudson, en la circunvalación de La Plata, qué te puedo decir, qué lugares más. Negro, negro cabeza, grasa, groncho, bolita… Cuántos son los calificativos despreciativos con los que los de la Capital Federal llaman a inmigrantes que otrora, en la época de nuestros abuelos eran la gran fuerza de trabajo y de país que hicieron el sur.

Nuestros países en toda América se desmembraron antes que la pantalla, Sandra, por no ir más lejos. Y lo que hace el rating de lo audiovisual es la maximización de lo que hacemos los equivocadamente superados. No es la pantalla la primera en bajar la estatura presidencial. Mirá el caso de la Cris, o antes.

Acá no hay bolivianos blancos, como tampoco los hay en Buenos Aires, sabés? Lo menos, criollos de piel oscura de sol a sol. Esos que vos definís y con tu voz, que respeto y discrepo, calificás como los blancos de Santa Cruz no somos los que votamos dos veces en elecciones democráticas y ganamos con más de dos tercios para que el sistema unitario que Argentina lucha por sacar de la letra muerta constitucional para que sea una realidad de coparticipación verdadera federal, buscamos autonomía departamental.

Yo te voy a decir, como decía Fontanarrosa, lo que es ser un mierda. Y también un colla de mierda. Y un camba de mierda. Y un mierda. Porque en el octubre negro que sufrimos el 2003, eran empleados públicos y privados –blancos, decís vos- los que salían a las calles y les cortaban la corbata en la ciudad deLa Paz. Porque a Bolivia la exprimieron en sus minas durante siglos, collas de cuello blanco, por decirlo así. Porque los collas de mierda, los cambas de mierda, los mierdas, no tienen nada que ver con el color de la piel o su situación económica, sino en la actitud que tienen respecto a la sociedad, a sus pares ciudadanos, a la historia de nuestros países.

Lo que dicen las paredes, que me encanta lo que dicen las paredes, en muchas ocasiones es sabio y en muchas más es protesta. Lo ves en las paredes de Buenos Aires y también acá, en Santa Cruz de la Sierra. Mi casa es tu casa cuando quieras venir a conocernos.

Yo no lo quiero decir, lo escucho pasando los límites de la racionalidad y de las huertas y granjas, de los talleres textiles, de las reuniones de las empleadas domésticas, de los jardineros, albañiles y obreros, que residen en Capital Federal porque su lugar no les dio las oportunidades que esperan encontrar allá. Son muchos, son collas, son cambas, son costeños, son serranos, son cordobeses, son jujeños: porteños de mierda. Que tanto daño le hacen a la imagen de la República Argentina en el mundo, que el humor negro los pone como parangón de la egolatría y la desubicación, que con su arrogancia y santería impiden que el gaucho –no aquel monumental e incólume de poncho, bombachas y boledadoras- sea más que lugares sureños de la América para visitar por turismo.

¿Son gallegos o gallegos de mierda, todos los españoles? ¿Son porteños o porteños de mierda, todos los argentinos? ¿Somos cambas o collas de mierda, todos los que vivimos en Santa Cruz?- Porteñitos de mierda, ignorantes y sobradores, a los que les toca, diría yo. Artículo de referencia: